San Román, creado y dirigido por Sergio Díaz, uno de los cocineros emblemáticos de la cocina Guatemalteca moderna, quien en su trayecto culinario ha encontrado el perfecto balance entre lo tradicional y vanguardista en cada uno de los platos que desarrolla.
Ubicado en la terraza de un edificio de
dos niveles en zona 14, cuenta con amplio parqueo, instalaciones bien
armonizadas con el concepto del restaurante y la ubicación del mismo.
La cocina es abierta permitiendo
visualizar las habilidosas técnicas de los cocineros. Posee un buen número de
mesas, algunas bajo techo, otras cubiertas con una sombrilla que en verano
permite disfrutar el calor característico de la época sin ser sofocante.
El menú se ejemplifica muy bien en el
mural superior a la entrada de la cocina, tiene en su haber “entradas”, “para
compartir”, “casero”, “al horno” y “dulce”, todo a precio relativamente
accesible; también cuenta con variedad de bebidas, desde una buena indian
pale ale (todas artesanales guatemaltecas) hasta una limonada muy bien
preparada.
El día de mi visita el menú tradicional
se servía a partir de las 15:00 horas ya que antes de ese horario ofrecen el brunch
de fin de semana el cual aportaba una buena cantidad de platos.
Decidí iniciar mi travesía por San
Román con unos tacos de pork belly, tres tacos de tortilla de maíz los
cuales interiorizaban una buena cantidad de carne de cerdo con texturas entre
lo blando y crujiente propias de la “panza” del cerdo, aderezado con una salsa
de aguacate cilantro y cebolla encurtida que en conjunto armonizaban a la
perfección los sabores de cada ingrediente. Muy buenos tacos, diferentes, con
sabores muy propios que dejan muy buena impresión al paladar.
Seguido de los tacos, inmiscuido por la
amargura característica de la Xaman Monterrica y ante el deseo de un plato
refrescante, me orienté hacia el ceviche.
Ordene el ceviche de camarón… plato que
a mi parecer dejó mucho que desear ya que es básicamente el “típico” ceviche
carente de innovación y sabores predominantes, contrastando así con el exceso
de salsa dulce haciendo de este, un plato agridulce, más bien dulce sin matices
armoniosos de sabores propios de los frutos del mar.
Tras el decepcionante gusto del
ceviche, decidí hacer tiempo con una Antigua Sin Novia para esperar el tan
ansiado menú a la carta. Después de una agradable plática, el tiempo se esfumó
mientras el aroma del lúpulo de la cerveza potencializo sutilmente dosis de
serotonina en mi ser; así fue como llegó el momento de pedir el tercer plato.
El chicharrón! Al hablar e imaginar
chicharrón, viene a nuestra mente un trozo de piel de cerdo con sus capas de
grasa y jugosa carne… pero no fue así! Simplemente fue un pedazo de piel de
cerdo descolorida que asemejaba a los “chicharrines” de las ferias. El “chicharron”
cubierto por chile guaque, acompañado por el más soso guacamole que pude
probar, básico, sin ingredientes que potencializaran su sabor, acompañado por
un encurtido de cebolla y chiles jalapeños que aparte de la acidez y picor no
aportaron mayor experiencia al plato.
Un poco desanimado al encontrarme con
dos platos desdichados, tristes y faltos de sapidez; la Pantera IPA me brindó
destellos de optimismo, razón por la que dos platos más cambiaron el parecer de
mi estadía.
Ordene los frijoles con chorizo y loroco.
Plato elaborado con frijoles rojos,
aromatizado por la flor de Fernaldia Pandurata (Loroco) que mezclado con
chorizo artesanal, pepitoria y cilantro brindaban una armoniosa y acogedora
sensación hogareña, si bien no era el plato adecuado para el calor de media
tarde, no era excusa para dejar de degustar dicho plato tan propio de nuestra
cultura.
Para finalizar tan amena experiencia,
no fui capaz de dejar desapercibido el risotto de hongos y loroco. ¡Esta
creación voló mis papilas gustativas! Siendo un plato tan bien elaborado y
balanceado que con toques tan sutiles de arroz arbóreo, loroco, chile guaque y
pepitoria hicieron de esta genialidad el plato digno de los dioses del Olimpo,
servido en una “ollita” de barro que por sus características físicas,
distribuía y mantenía perfectamente el calor y los sabores de cada uno de los
ingredientes.
San Román un nuevo concepto de la mano
de un gran chef, aporta al mundo culinario guatemalteco sabores muy propios de
la región exponencialmente mejorados, si bien hay carencia en algunos sabores,
así como el predominio de ingredientes y sabores de platos en común como el
chile guaque, pepitoria y cilantro, que al degustarlos viene a mi mente la
similitud que comparte con otras cocinas, otras obras creadas en zona 4; sin
duda son cocinas muy distintas y sin embargo aportan sabores en común,
unificando así la hermandad que aporta la cocina de nuestro país.
No es de menos exaltar la atención del
personal, amigables, atentos, enfocados en mantener la buena experiencia del
lugar; preocupados por el servicio al cliente sin ser sofocantes ni mucho menos
espantar a los comensales, algo que hay que resaltar fue el cambio continuo de
cubiertos, así como la buena presentación de los platos en vajilla idónea para
mantener la expectativa visual de la comida.
En conclusión San Román me brindó una
excelente experiencia al sintetizar sabores con la infraestructura y ambiente
que aporta el lugar, muy recomendado para salir de la rutina, salir de lugares
tradicionales y soporíferos que aportan menús estáticos sin innovación alguna.
HASO- Abril 2019
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