WINE DINNER BRASSICA
Desde hace ya, varios meses
atrás, me he ido sumergiendo en el mundo de los maridajes; mes con mes un muy
bien conocido restaurante español celebra su peculiar cena en la cual se puede
degustar una variedad de platillos con su respectivo vino.
Como era de esperarse llego el último
jueves del mes y para mi sorpresa ese día coincidían tres cenas en tres
distintos y reconocidos lugares, la decisión se vio influencia por la última y
no tan armoniosa experiencia vivida en el ya mencionado restaurante español por
lo que Brassica fue el elegido para esta ocasión.
Brassica, ubicado en zona 10 dentro de una plaza que brinda un
agradable ambiente al aire libre, es un restaurante orientado a la mezcla entre
mar y tierra ofreciendo una gran diversidad de preparaciones.
Al momento de entrar al
restaurante fuimos recibidos por el habitual saludo del personal quienes nos
acompañaron a nuestra mesa, siendo curiosamente este, el único contacto que obtuvimos por parte de
los meseros. La razón: una desproporcionada atención hacia una mesa en
particular. No hubo ningún ofrecimiento, y fue hasta después de 30 minutos que
por decisión propia solicite una copa de
vino para calmar la falta de atención y
la demora de la cena. Consumidos dos tercios de copa de Merlot, inició el
evento. El somelier con gran conocimiento explicó cada uno de los vinos a
degustar, invitando a mi sistema digestivo a participar de una nueva
experiencia gastronómica.
Como entrada: Canastas de tartar
de atún. El plato fue sencillamente esplendido, un balance perfecto de texturas
dadas por el atún, aguacate y semillas de sésamo, todo aderezado con una sutil vinagreta
de aceite de ajonjolí. Daba ansias de
que fuese interminable y al ver el plato vacío, quedo el anhelo de volverlo a
degustar.
Seguido del espléndido tartar,
fue servido el siguiente plato: Camarones a la vinagreta. Desde este punto el clímax
experimentado con el primer plato se fue a pique, los camarones bien cocidos pero insulsos, quedaron en
desventaja con la vinagreta y sus delicados toques de acidez y hierbas.
Con la esperanza puesta en el
chef, llegó el plato fuerte: Lomito con salsa de Chipotle o Gorgonzola, en una
descuidada presentación siguiendo la línea de los platos anteriores, servidos
en un monótono plato blanco de mediano tamaño. En mi predilección por el
picante opte por la opción con salsa de Chipotle, el corte de la carne dejo
mucho que desear ya que fue servido en el tradicional tipo “mariposa” con la
salsa encima y desprovista de guarniciones.
Después de 3 copas de vino, era
el turno del postre. Una tarta de pecanas que sin sorpresa fue servida en el
mismo plato, de sabor bastante común. Un toque de helado o un poco más de
humedad no le hubiera hecho daño a nadie ni al rosé.
En conclusión, para ser la
primera wine dinner la experiencia
queda dentro de lo aceptable, donde las fallas técnicas opacaron lo que pudo
ser un excelente servicio. Como recomendación, sería bueno dedicar más a la
presentación de los platos; bien dicen que la comida entra por los ojos y no
por el mismo plato blanco de tamaño mediano ni la sosa cristalera para los
vinos.
Dentro de los aspectos positivos
mencionare el aporte del somelier Montoya a quien en ocasiones anteriores tuve
la oportunidad de escuchar, la selección de vinos fue excelente, desde un
sauvignon blanc hasta un suave espumante.

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