HOMO SAPIENS COMO SER EGOISTA
Desde el preludio de la humanidad, el ser
humano en sus múltiples versiones ha tenido la necesidad de socializar, en gran
parte, como mecanismo evolutivo de la especie.
Recientemente las interacciones humanas suelen
ser diferentes a lo que se acostumbraba en otras épocas. Los grupos sociales se
constituyen por personas con diversas creencias; en lo religioso; en la
política ya no es una sola ideología más bien un espectro de las mismas; las
preferencias sexuales ya no son excluyentes y los criterios acerca de la vida van
más allá de un simple determinismo. Los grupos sociales buscan llegar al
equilibrio entre mutuo interés y tolerancia. O es eso al menos, a lo que se
debería aspirar.
Para poder sobrevivir, se necesita crear
vínculos con seres de la misma especie. En el caso de los humanos, por el tipo
de cognición, las relaciones de grupo no se basan solo en instintos sino
también en el deseo de adquirir, compartir y generar conocimientos a partir de
un proceso de comunicación de ideas, haciendo uso de una importante
herramienta: el lenguaje. A este tipo de conexión intelectual, se le conoce
como inconsciente colectivo, tal como lo llamó Jung en alguna ocasión.
Es en esta colectividad; en esta red neuronal, donde
se acumulan las experiencias de cada persona, que se reflejan como ensayo y
error a través de las generaciones. Por lo tanto, se le puede adjudicar el
calificativo de egoísta al humano como individuo, con el fin último de la
supervivencia.
Si dos personas se conocen e interactúan, la
relación puede perdurar si existe algún grado de afinidad, es decir interés
mutuo ya sea en el aspecto sexual, sentimental o intelectual. Sino pasa lo
anterior, las personas se alejan y continúan con la búsqueda del bienestar
propio. Es por eso que el amor propio se traduce en egoísmo evolutivo.
Es preciso deshacerse de ciertos prejuicios en
la sociedad, aprender lo beneficioso del egoísmo. Aprender a disfrutar cada
momento vivido, cada persona con la cual interactuamos a lo largo de la vida,
entender que cada circunstancia es producto de nuestras decisiones, y que al
final de toda nuestra existencia individual es esa continuidad en el espacio
tiempo, donde cada segundo vivido queda registrado por una estela de
acontecimiento.
Coautoria: @fabyamaranta

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