INSTANTES ETERNOS
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En algún
punto de nuestro existir, hemos acaecido por diversos momentos y estos los
percibimos, caracterizamos y vivimos de distintas formas, basándose en la
afinidad y emociones que conformaron dicho evento a través del tiempo, creando
en nuestro hipocampo recuerdos apacibles o funestos, los cuales son almacenados
en nuestra corteza prefrontal.
Pero, ¿qué
constituye que cada uno de estos instantes perpetúen, trasciendan y cambien la
ruta de nuestro trayecto en este instante llamado vida?
Carl
Gustav Jung en su libro autobiográfico Erinnerungen, Träume, Gedanken (Recuerdos, sueños, pensamientos) hace la sutil
diferencia entre vivencias internas y externas, de las cuales las internas se
rigen por lo sustancial y determinante, contrastando con los acontecimientos
externos los cuales en su mayoría carecen de lo esencial para forjar y
afianzarse como internos.
Textualmente
Jung expresó: Todo recuerdo de
acontecimientos "externos" palidece y quizás las experiencias
"externas" no fueron nunca propiamente mías o lo fueron sólo en cuanto coincidieron con fases internas de
evolución. De estas manifestaciones «externas» de mi existencia se me han
borrado muchas, precisamente porque, así me lo pareció, participé en ellas con
todas mis fuerzas.
Todo
inicia con el momento en que tenemos consciencia, consciencia de nosotros como
humanos y del entorno en el que nos desenvolvemos; probablemente carecemos de
recuerdos de nuestra niñez, aquella niñez guiada por el instinto mas que por el
raciocinio, haciendo estas vivencias no sustanciales para formar y generar un
recuerdo perpetuable, así, dejamos de lado el
razonamiento transductivo para
adentrarnos en el razonamiento de causa y efecto como lo es el
hipotético-deductivo, el cual Piaget lo asoció al ultimo estadio de desarrollo
cognitivo.
El
razonamiento es quien nos forma y determina la causalidad de múltiples
escenarios generados en nuestro existir, llevándonos a través del tiempo por
distintas rutas, que por muy similares son completamente contrarias en la
totalidad de multiversos engendrados por cada acto, decisión y suceso de
nuestra vida.
Entonces,
nuestros instantes tienen su génesis en el inicio de nuestra vida, siendo estos
formados por refuerzos positivos o negativos que determinarán la perennidad en
nuestra totalidad de dimensiones y le darán el significado de “Eternalidad”.
Esta
ecuación dilucida la perpetualidad de los instantes que con mayor afinidad nos dota
de reminiscencia en nuestro trecho.
Cada
humano en varios instantes de la vida ha transitado por situaciones con
distintos significados, recordamos vivamente todo aquello que nos generó
alegría, felicidad, y satisfacción, así como aquellos que causaron todo lo
contrario; pero ¿qué nos liga con mayor ímpetu a sucesos con mayor
trascendencia que otros? Sin duda el “yo” como parte esencial de cada evento,
recordamos el miedo o la alegría de esos instantes en mayor intensidad que
aquellos en los que no teníamos interés o simplemente no nos veíamos como parte
central de dicho evento, sucesos que pasamos por desapercibido, pasajeros, como
parte no vital de nuestro ser; esencialmente somos nuestros propios instantes,
instantes tan simples como tan complejos.
Recordamos
la voz de nuestros padres, los besos y abrazos que recibimos de cada ser tangible
o intangible con el cual tuvimos cierto contacto y afinidad, recordamos aquel
amor que fue distinto a los demás, recordamos personas, lugares, mascotas,
sabores, olores, sueños, sentimientos y sensaciones, que en su momento, fueron
distintas a todo aquello que era habitual y rutinario, haciéndonos recordar
esos instantes que se alejan de la monotonía de la vida, esos instantes que por
similares que fuesen conformaron una parte de nuestro ser; pero así mismo,
recordamos desagradables momentos que tuvimos que atravesar como la muerte de
un ser querido, accidentes, peleas, etc, que en conjunto determinaron e
hicieron un cambio en el rumbo de nuestra trayectoria, llevándonos a otro
instante en el espacio tiempo.
Somos un
instante en la eternalidad del universo, somos
nuestros actos y decisiones, recordamos lo que queremos recordar, evocamos lo
que nos hace sentir humanos, todo aquello que se aleja lo cotidiano, de lo
banal y de lo mundano; somos eternos para aquellos con quienes tuvimos
instantes y somos instantes en la unidereccionalidad del tiempo.
Desde la plataforma de lo visible y palpable, desde ese espacio obscuro de la mente y el conocimiento, desde ese mismo instante en que vuelves intangible y te conviertes en imagen atraves de la distancia, dejame abrazarte y con ello expresarre mi admiración y ese sentimiento que la mayoria de humanos llevamos arraigado en un lugar de nuestro ser.
ResponderEliminarUn abrazo Choconoy.